Cada vez más parejas conviven sin casarse. Comparten gastos, proyectos y, en muchos casos, una vivienda. El problema aparece cuando la relación se rompe. Entonces surge una de las preguntas más delicadas: ¿qué pasa con la casa cuando una pareja se separa sin estar casada?
A diferencia del matrimonio, donde existen reglas claras sobre el reparto de bienes, en las parejas no casadas la protección legal es mucho menor. Muchas personas descubren esta realidad cuando ya están en pleno conflicto. En este artículo te explicamos qué ocurre con la vivienda según cada situación y qué opciones existen para defender tus derechos.
No estar casados cambia completamente el escenario legal
El primer punto clave es entender que, sin matrimonio, no existe un régimen económico común automático. No hay gananciales, no hay reparto por mitad por defecto y no se aplican las normas del divorcio.
En las parejas no casadas:
- Cada bien pertenece a quien figure como titular
- No se presume propiedad compartida
- La convivencia no genera derechos por sí sola
Esto tiene un impacto directo sobre la vivienda.
Caso 1: La vivienda es propiedad de uno solo
Esta es una de las situaciones más frecuentes… y más problemáticas.
¿Quién se queda con la vivienda?
Si la vivienda pertenece a una sola persona:
- El propietario mantiene la titularidad
- El otro miembro no adquiere derechos por haber convivido
- La ruptura no cambia la propiedad
Aunque ambos hayan vivido allí durante años, la casa sigue siendo del titular.
¿Puede el no propietario seguir viviendo en la casa?
En principio, no. El propietario puede:
- Solicitar que la otra persona abandone la vivienda
- Recuperar el uso exclusivo
Sin embargo, pueden existir matices importantes, especialmente si hay hijos en común o aportaciones económicas relevantes.
¿Y si el otro miembro ha pagado gastos o reformas?
Este es uno de los conflictos más habituales.
Si una persona no propietaria:
- Ha pagado parte de la hipoteca
- Ha asumido reformas importantes
- Ha contribuido claramente a aumentar el valor del inmueble
puede reclamar una compensación económica, pero no la propiedad automática de la vivienda. Para ello, será fundamental:
- Aportar pruebas
- Justificar los pagos
- Demostrar que no eran simples gastos de convivencia
Caso 2: La vivienda es propiedad de ambos
Si ambos figuran como propietarios, la situación cambia.
Vivienda en copropiedad
Cuando la vivienda pertenece a ambos:
- Cada uno tiene un porcentaje de propiedad
- La ruptura no elimina esa copropiedad
- Nadie puede expulsar al otro sin acuerdo o resolución judicial
Aquí es necesario tomar decisiones tras la separación.

Opciones tras la ruptura
Las soluciones más habituales son:
- Que uno compre la parte del otro
- Vender la vivienda y repartir el dinero
- Mantener la copropiedad temporalmente (poco recomendable)
Si no hay acuerdo, cualquiera puede solicitar judicialmente la división de la cosa común, lo que suele acabar en venta forzosa.
Caso 3: Vivienda de alquiler
En las parejas no casadas que viven de alquiler, la clave está en quién figura en el contrato.
Solo uno figura como inquilino
Si solo una persona aparece en el contrato:
- Esa persona mantiene la condición de inquilino
- El otro no tiene derecho automático a quedarse
Tras la ruptura, el titular del contrato puede decidir si continúa o no en la vivienda.
Ambos figuran en el contrato
Si ambos aparecen como inquilinos:
- Ambos tienen derechos y obligaciones
- Ambos responden del pago del alquiler
- La salida de uno debe comunicarse correctamente
Es importante regular bien esta situación para evitar deudas o responsabilidades posteriores.
Qué pasa si hay hijos en común
La existencia de hijos cambia radicalmente el análisis, incluso si no hay matrimonio.
Prioridad del interés del menor
Cuando hay hijos:
- Se prioriza su bienestar
- Puede atribuirse el uso de la vivienda al progenitor custodio
- La titularidad de la vivienda pasa a segundo plano
Esto significa que el propietario puede no poder usar su propia vivienda durante un tiempo, si se considera necesario para proteger a los hijos.
Uso no es propiedad
Es importante distinguir:
- Uso de la vivienda
- Propiedad de la vivienda
Aunque se atribuya el uso a uno de los progenitores, la propiedad no cambia. Es una medida temporal.

¿Existe algún derecho por ser pareja de hecho?
Depende del territorio y de si la pareja estaba formalmente registrada.
En general:
- La pareja de hecho no genera derechos automáticos sobre la vivienda
- Puede haber ciertos efectos económicos
- No equivale al matrimonio
Pensar que “ser pareja de hecho es lo mismo que estar casados” es uno de los errores más comunes.
Conflictos frecuentes tras la ruptura
Las separaciones sin matrimonio generan muchos problemas previsibles:
- Uno se va y sigue pagando gastos
- El otro se queda sin derecho legal
- Reformas sin compensación clara
- Hipotecas pagadas solo por uno
- Uso prolongado sin acuerdo
La falta de previsión suele convertir una ruptura emocional en un conflicto legal largo y costoso.
Qué puedes reclamar legalmente
Aunque no estés casado, no todo está perdido. Dependiendo del caso, se puede reclamar:
- Compensación por aportaciones económicas
- Reembolso de pagos acreditados
- Indemnización por enriquecimiento injusto
- Regulación del uso si hay hijos
Eso sí, hay que probarlo, y no basta con haber convivido.
Errores comunes que empeoran la situación
- Pensar que convivir da derechos automáticos
- No guardar justificantes de pagos
- Aceptar acuerdos verbales
- No regular nada por escrito
- Actuar impulsivamente tras la ruptura
Estos errores explican por qué tantas personas salen perjudicadas.
Cómo protegerte antes y después de la convivencia
Antes de convivir
- Dejar claro quién es propietario
- Regular aportaciones económicas
- Firmar acuerdos privados
- No confiar solo en la relación
Tras la ruptura
- No abandonar la vivienda sin asesoramiento
- No dejar de pagar si eres responsable
- Documentar la situación
- Buscar una solución legal cuanto antes
Actuar tarde suele empeorar el resultado.
¿Conviene acudir a un acuerdo?
Siempre que sea posible, sí.
Los acuerdos:
- Evitan juicios largos
- Reducen costes
- Permiten soluciones flexibles
Eso sí, deben formalizarse correctamente para que tengan validez.
Conclusión
Cuando una pareja se separa sin estar casada, la vivienda se convierte en uno de los principales focos de conflicto. La ley no protege automáticamente a ambos miembros y la propiedad prevalece sobre la convivencia, salvo excepciones muy concretas.
Entender quién es el titular, qué se ha aportado económicamente y si existen hijos en común es clave para saber qué derechos existen y cuáles no. La falta de previsión suele pagarse caro.
Antes de asumir que “todo es a medias” o que “la convivencia da derechos”, recuerda: sin matrimonio, la vivienda no se reparte sola y la ley no presume nada.
